Book Description:
Estudiantes, musulmanes y prostitutas conviven en el barrio m s conflictivo de Bradfield, Yorkshire, en un clima de tensi n apenas soportable. Es una olla a presi n, y por lo tanto un punto de inter s para el director de la Bradfield Gazette, el diario local, que husmea un material de primera p gina. Sus esperanzas se ven colmadas cuando una guapa estudiante de la universidad, Louise Brownlow, es hallada muerta a cuchilladas. La relaci n entre la polic a y la prensa es siempre compleja, y la periodista Laura Ackroyd, compa era sentimental del inspector Michael Thackeray, lo sabe muy bien. No es la primera vez que su profesi n le causa problemas con su flamante novio, pero esto no le impide hacerse pasar por prostituta para conseguir un buen reportaje. Y el truco funciona hasta el punto de que Laura es arrestada en una redada policial la misma noche en que una estudiante es asesinada a pocos metros de all . Cuando un periodista tiene la fortuna de encontrarse en el punto neur lgico de la noticia, su deber es investigar. El arma con la que han matado a la joven no aparece, la puerta del apartamento no estaba forzada y, para colmo, es evidente que las dos estudiantes que compart an el piso con Louise, la v ctima, est n ocultando algo. Ahora Laura tiene una buena historia... y Thackeray, un enigma que resolver. El asunto se complica todav a m s cuando aparece una nueva persona asesinada: un proxeneta. Qu relaci n existe entre los dos asesinatos? No hay ninguna pista. C mo es posible que nadie supiera que Louise Brownlow estaba embarazada, ni siquiera sus misteriosas compa eras de piso? Y qu papel ha jugado Miles Bateman, el pastor protestante que ayuda a los j venes a encontrar un sentido a la vida? Laura y Thackeray se plantear n las mismas preguntas, pero los m todos de la prensa no son los de la polic a, y durante la investigaci n se levantar entre los dos un muro de desconfianza. Hasta d nde debe llegar una reportera para defender el anonimato de sus fuentes? Hasta qu punto puede un polic a confiar en la honestidad de la prensa, sobre todo ante un globo hinchado de esc ndalos que s lo espera un pinchazo para estallar?
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